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Hussein Kalout: “El gobierno de Joe Biden no hostilizará a Brasil de inmediato”

Hussein Kalout es uno de los más prestigiosos cientistas políticos de Brasil. En sus habituales columnas en el diario O Estado de S. Paulo, el profesor de Relaciones Internacionales e investigador de la Universidad de Harvard critica con firmeza la política exterior del presidente Jair Bolsonaro. “Estamos aislados en nuestra propia región, en América del Sur, la relación con Europa Occidental está extremadamente afectada y la percepción que hoy se tiene de Brasil en el sistema multilateral es negativa”, afirmó en una entrevista exclusiva con PERFIL.

“Todo eso es fruto de una visión ideológica del mundo, una visión muy distante de lo que preconizó nuestro corolario doctrinario de política externa a lo largo de dos siglos”, agrega el ex Secretario Especial de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de Brasil.

¿Cuál será la política exterior de Joe Biden hacia Brasil?

—Biden tiene preocupaciones mayores que América de Sur y Brasil. Su gobierno tiene que combatir la pandemia, reestructurar la economía y enfriar la tensión social producida por el proceso electoral. Obviamente, también tiene una tarea externa. Las alianzas internacionales de Estados Unidos están deterioradas. Su punto de partida será la reconstrucción de la relación transatlántica con las potencias europeas. En segundo punto, buscará un abordaje diferente de contención de China. Es claro que hay un consenso entre demócratas y republicanos de que es necesario contener el poder de China. Lo que cambiará es el formato de esa contención. Los republicanos han hecho una confrontación directa por medio de una guerra comercial. Colocaron a los países ante una elección binaria: China o EE.UU. Los demócratas buscan contener a China, pero reconociendo que la relación de interdependencia de China y EE.UU. es muy grande. El objetivo de la estrategia demócrata es hacer que China se comporte de acuerdo a las reglas. Eso obviamente dará una ventaja geoestratégica para Estados Unidos y sus aliados. Tercero, está la relación con Rusia. En la visión de los estrategas demócratas, Trump tuvo una relación de complacencia con Vladimir Putin, creando un vacío de poder que Rusia acabó ocupando. Después de Europa, China y Rusia, está el tema multilateral. Biden recolocará a Estados Unidos de nuevo en el sistema multilateral, lo que fortalecerá al país. Todas las veces que actuaron coordinadamente en el sistema multilateral, se fortalecieron. Cuando violaron los principios del sistema multilateral, se debilitaron. Comenzando por el retorno de Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Acuerdo de París, el tema multilateral será un punto muy importante en la política exterior de Biden. Finalmente, el quinto tema será el ambiental. El objetivo del gobierno de Biden es conducir una agenda ambiental volcada a la economía, con la revalorización del papel de la ciencia. América Latina no tendrá una importancia trascendental y consecuentemente tampoco Brasil. Tendrá, en mi opinión, una dimensión secundaria, a no ser por la cuestión del clima o la contención de China. La importancia de Brasil en el mapa estratégico de política externa del gobierno de Biden no será por la fuerza de Brasil en sí, pero sí por aquello que puede Brasil representar en la contención de China.

¿Pagarán Brasil y Bolsonaro algún costo por haber apostado por una victoria de Trump?

—Los países que tienen un peso gravitacional propio y una importancia regional son tratados de forma diferente. El gobierno de Bolsonaro está aislando al país y dañando el interés nacional brasileño, especialmente en el frente ambiental. Creo que Estados Unidos querrá un diálogo con pragmatismo. Sabe qué quiere de Brasil y cómo lo quiere. El gobierno de Biden no hostilizará a Brasil de inmediato. Ahora la pelota está en el campo de Brasil, que tiene que saber cómo colocarse en relación al gobierno de Biden. Hasta el momento, el presidente de la República no felicitó al nuevo líder estadounidense, como hicieron varios países latinoamericanos e inclusive China. Obviamente que el tema ambiental puede ser un punto de tensión porque dentro del partido demócrata hay personas que mensuran ese tema con cierta importancia. Si Brasil rompe con los compromisos internacionales que asumió, puede haber una impresión negativa en el gobierno de Biden. Pero yo sería prudente en el análisis porque el discurso de campaña de Biden de haber utilizado la narrativa ambiental y mencionado específicamente a Brasil no quiere decir que eso será traducido en el ejercicio de la política diplomática. Pienso que habrá prudencia.

En el último artículo en O Estado de S. Paulo, sostuvo que no cree que cambiará demasiado la política exterior de Brasil ¿Por qué Bolsonaro continuará, en su opinión, con una retórica “olavista”?

—Cualquier cambio en la política externa significaría que Bolsonaro reconoce que el modelo formulado por el Olavismo y las ideas del núcleo ideológico se comprobaron equivocadas. ¿Cuál es el sentido de que Brasil tensione la relación con China, siendo que China tiene una relación comercial con Brasil mayor que la de EE.UU. y la Unión Europea? Bolsonaro está comprometido con una visión ideológica de las relaciones internacionales. Hay un componente ideológico muy fuerte en el proceso de formulación y una ausencia de pragmatismo. Bolsonaro piensa la política exterior a partir de la monetización de votos y de apoyo electoral. La política externa precisa servir como un instrumento de antagonización para generar dividendos electorales en su base. No es que la base se adapte a la política externa. La política externa precisa ser adaptada a la reacción de la base de Bolsonaro. La tensión con China y con Argentina sirve para galvanizar a esa base. Por esa razón, no consigo vislumbrar un viraje hacia una política externa pragmática, racional, y enfocada en el interés nacional brasileño.

¿Puede la victoria de Biden, la pelea con China y la mala relación con Europa acercar a Bolsonaro a Argentina?

—No consigo de momento ver un espacio para la conformación de un nuevo entendimiento de alto nivel entre los jefes de estado de Brasil y Argentina. La relación entre Brasil y Argentina tiene como hilos conductores centrales a los dos presidentes. Cuando la relación entre los dos países es conducida por la burocracia es porque el nivel de importancia de esa relación disminuyó, ya sea para un lado o para el otro. No consigo ver que Brasil se aproximará a Argentina como debería, en mi opinión, hacerlo. Nada quita que el próximo año, haya un diálogo en el ámbito del Mercosur, pero no considero que haya un cambio inmediato de comportamiento. Eso sería una descaracterización de cómo Bolsonaro piensa la política internacional. Es preciso cambiar el discurso, el abordaje del contenido, y salir de la inercia burocrática para entrar en un entendimiento de alto nivel entre los jefes de Estado.

¿Cree que Brasil se aislará aún más y se transformará en un paria en la escena internacional?

—Brasil es mucho más importante que el gobierno actual. El gobierno que tenemos es resultado de una falla sistémica de nuestros políticos que, respaldado por la soberanía popular y por los votos, llegó a las estructuras de poder. Mucha gente en China, Estados Unidos, la Unión Europea y en la propia América del Sur sabe que las dimensiones de Brasil son mayores que las de su propio gobierno. Brasil tiene recursos de poder para intentar recomponer las cosas. Obviamente eso dependerá de cuánto tiempo dura esto en Brasil. En Estados Unidos fue un mandato, cuatro años. En Brasil la derrota electoral de Trump puede tener efecto porque demuestra que el modelo que lo llevó al poder, basado en la criminalización de la política, en la polarización, en las elecciones binarias, en la mediocridad, en que la política no es el arte de la construcción de consensos, sino una arena para la aniquilación, se demostró derrotado en EE.UU. Puede ser que eso dure más tiempo en Brasil o que tenga una vida corta. No sabemos aún. Pero Brasil tiene un peso gravitacional propio. Siempre será respetado.

El contexto internacional es importante para la economía de un país por las inversiones y el comercio. ¿Qué contexto internacional necesita Bolsonaro para ser reelecto en 2022?

—Creo que el escenario internacional no es preponderante en el proceso electoral brasileño, que tiene una dinámica muy orientada por necesidades y demandas internas. No puedo dejar de señalar que obviamente un gobierno con políticas públicas estables, con una política ambiental estable, tiene una capacidad mayor de atraer inversiones. La atracción de inversiones impacta en la creación de empleo, de renta y de crédito. Entonces, un aislamiento tiende a impedir que ese capital se direccione a Brasil. Políticas públicas equivocadas, por ejemplo la ausencia de reformas estructurales fiscales, tributarias y económicas, tienden evidentemente a impedir mayores inversiones. Eso tiene que ver con la dimensión de la estabilidad económica. Brasil tiene que reorganizar la máquina del Estado. No puede gastar más de lo que recauda. Es preciso entender las demandas sociales, que son muy grandes. Y el espacio fiscal es pequeño.

Con la extensión de programas de ayudas sociales creció la popularidad de Bolsonaro, fundamentalmente en el Nordeste, bastión de Lula y el PT. ¿Está conviertiéndose en un político populista apoyado por las clases bajas?

—No tengo dudas de que Bolsonaro ejerce un estilo político de corte populista. Eso es independiente de la creación de políticas de auxilio a la población con carencias. Cuando se creó ese auxilio emergencial no fue iniciativa del gobierno, sino del Congreso Nacional brasileño. Obviamante que eso reverberó entre los más pobres, entre aquellos que reciben el auxilio y están en el Nordeste. Entonces disfrutó de un efecto positivo. Pero eso no es sustentable porque el gobierno brasileño no tiene recursos para mantener ese auxilio de forma permanente. Hoy no hay espacio para perforar el techo fiscal. Entonces precisará crear un impuesto o cortar los gastos. Será un desafío tremendo mantener ese nivel de popularidad. Creo que ese fue un pico circunstancial. Tenemos que averiguar con calma si se consolida con el tiempo. Con respecto al Nordeste brasileño, Bolsonaro necesitará algo más que un auxilio para mantener su fuerza. En las elecciones municipales él fue considerado uno de los derrotados. Los candidatos que él apoyó no trasladaron a las urnas ese apoyo en votos y una victoria.

¿Cuál es el obstáculo para un gran acuerdo de unidad nacional entre la izquierda, el centro y la derecha contra Bolsonaro en 2022?

—No consigo ver, de momento, un entendimiento de un frente amplio de todos contra Bolsonaro. Puede haber una aglutinación específica de algunos partidos de centro, puede haber alianzas de algunos partidos de la izquierda. Todos los candidatos, ya sean de derecha, centroderecha, centro y de la izquierda, deberían ir con un capital retórico de que, tras lo que pasó en Estados Unidos, es necesario derrotar a Bolsonaro porque su gobierno falló. Pero si la economía se recupera puede haber un impacto en la popularidad de Bolsonaro. Si el gobierno fuese bien avalado, no sé si ese tipo de discurso tendría mucho sentido. La cuestión es: ¿quién enfrentará a Bolsonaro en el segundo turno? De acuerdo a quién sea, ¿los otros mantendrán un discurso de unión para derrotar a un presidente que puede ser considerado inepto? Esa es la pregunta clave. Y, de momento, no hay respuestas para ella.

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